Nadie tiene muy claro cómo y por qué Arthur Felling dejó de ser el hijo de inmigrantes ucranianos y se transformó en Weegee. Tampoco es que importe, pero sí alimenta el misterioso encanto de una de las figuras cumbres de la fotografía en los Estados Unidos de los años treinta y cuarenta.

Su entrada a la fotografía como reportero de la agencia Acme antes de la Segunda Guerra Mundial, en la que comenzó las andanzas noctámbulas que lo transformarían en una leyenda, después de ejercer como copiador en The New York Times, lo encaminó hacia el desarrollo de un estilo crudo, el único que le serviría para captar lo sórdido de la Nueva York nocturna de aquellos años.

Arthur Felling, la exposición en Madrid

Los contactos de Weegee con la policía y su impresionante rapidez para llegar a los lugares donde había ocurrido algún crimen, le otorgaron prestigio. Y con ello vinieron la libertad de acción, la búsqueda de imágenes en lugares marginales en la madrugada y una devoción por su trabajo vista en pocos de su epecie.

Parte de esta crónica negra en imágenes (270 fotografías para ser exactos) se encuentra a la vista del público desde el 5 de marzo en el edificio de Fundación Telefónica, en Madrid. Las fotografías son parte de la colección privada de Michel y Michele Auer.

Gracias a esta, la primera exposición fotografica a gran nivel en la capital de España sobre el trabajo de Arthur Felling, el público general podrá tener acceso a uno de los registros más obscuros de la Nueva York de la primera mitad del Siglo XX. El crimen y la tragedia sin filtros.

La exposición estará abierta hasta el 17 de mayo.

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