Foto: 4.bp.blogspot.com

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Son malos días para Roman Polanski, uno de los mitos vivos del cine. Como ya se sabe, la policía estadounidense le dio casa en Suiza por una supuesta violación sobre Samantha Geimer, mujer que hace más de 3 décadas, tiempo transcurrido desde los hechos, contaba con 13 años.

Polanski, Geimer y la violación

Tras la acusación, el juicio fue resuelto en lo civil a través de un acuerdo monetario y la declaración por parte de Polanski de culpabilidad de relaciones sexuales ilícitas. Muy distinto a violación, sin duda.

Sin embrago, la amenaza penal no se diluyó y el director de El Pianista optó por honrar su ciudadanía y trasladarse a Francia, país que no está obligado a extraditar a sus ciudadanos. Nunca más ha vuelto a Estados Unidos.

Ante el riesgo de que uno de los directores de cine más influyentes que han existido se pase una temporada en un una prisión estadounidense, la presión internacional no ha demorado.

Nadie quiere ver a Roman Polanski encarcelado; tampoco la supuesta víctima del supuesto delito. Samantha Geimer ha declarado que una sentencia contra el director de La Muerte y la Doncella, no sirve de nada.

Estas palabras se unen a las que, hace años y con motivo de la nominación de El Pianista a los premios Oscar, hizo la misma Geimer. En ellas aseguraba que dentro de todo lo que sucedió en esa noche de 1977, la fuerza no estuvo presente.

El consumo comprobado de drogas y el que se tratara de una niña de 13 años, ha tenido la cabeza de Polanski con la soga al cuello y cuidándose de visitar países con tratados de extradición con EE.UU.

Todo lo resultó bien hasta ahora, hasta su viaje a Suiza donde, irónicamente, viajó para recibir un premio.

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