Aceptemos la versión oficial. Hace 15 años Kurt Cobain huyó de este mundo gracias a un escopetazo (herida por bala auto inflingida en la cabeza, según el reporte forense); sus dolores crónicos y su incapacidad para soportar la devoción de millones de adolescentes desesperanzados, lo terminó por mandar a la tumba.

Un final de leyenda para alguien que no deseaba serlo. Porque si hay algo real en toda la “mitología Cobain”, es precisamente la búsqueda de un espacio donde su trabajo tuviese relevancia por el mensaje subyacente. Nirvana, no obstante, terminó siendo para él una especie de castigo multitudinario más que un gozo, una máquina de hacer dinero basada en jóvenes autoflagelantes que encontraban en su música nada más que simple autocompasión.

Kurt Cobain y Grunge

Concordemos en que el Grunge como categoría música jamás existió. La industria fue lo bastante inteligente como para englobar a distintas bandas de una misma ciudad que tenían predilección por las camisas leñadoras y que fueron lo bastante lúcidas como para plantarle cara a la decadente escena de finales de los ochenta y principios de los noventa. Les pusieron una etiqueta, se hicieron películas y los pusieron en venta.

Y ahí radica la gran contradicción no sólo de Nirvana, sino de todo aquel movimiento: la industria de la música como plataforma ineludible para comunicar un mensaje opuesto directamente a lo que ésta representaba. La cosa ya no era Poison y Gun’s and Roses cantando sobre sus farras y la cantidad de mujeres desnudas que pasaban por sus dormitorios.

Ahora el asunto iba por otro lado: por un apocalíptico sentido de la realidad heredado gracias a años de gobiernos republicanos encabezados por Reagan y George Bush padre. Pero a Cobain hacerlo no le salió gratis; en el trayecto perdió su sentido de la individualidad y su débil estabilidad emocional.

El valor de Nirvana como banda de rock y de Kurt Cobain como mártir de un movimiento dirigido por las transnacionales, radica en la honestidad de su discurso. Su frescura descansa en el proceso dialéctico que, como en la mayoría de las cosas, determinó su transformación en ícono gracias a elmentos extraídos de los setenta y sesentas. Nada es tan nuevo.

A pesar de lo que diga la revista Rolling Stone, Kurt Cobain no fue un gran guitarrista, ni menos un vocalista excepcional. Sí fue un buen compositor, alguien que empatizó con el espíritu de unos años difíciles y que pagó el precio.

4 Comments

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  2. mauricio rodriguez .

    interesante perspectiva en relacion a este estilo de musica , muy aleccionador e informativo .

  3. Fernanda

    Me parece interesante este artículo con respecto a Kurt Cobain.
    Tomando en cuenta que su música y estilo marco a una generaciòn de jóvenes.

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